Hoy, puede ser que cada versículo de La Biblia te suene a “frase de cajón” y te resulte aburrido e inoficioso orar. Si es posible, toma una ducha caliente; si tienes a la mano una ventana, acércate para tomar aire, luego detente un momento para pensar en Jesús y su cruz. Aquél hombre en el madero tenía una potente razón para soportar tanto dolor; su vida iba a terminar a los 33 años pero era movido por la imagen de millones y millones de personas que tendrían salvación y vida eterna. Se mantenía para que la gente tuviera un nombre para pronunciar, una bandera que levantar en la necesidad: Jesús, el nombre del hombre que calla las tormentas y multiplica los panes. El nombre que usamos para pedirlo todo conforme a la voluntad de Dios.
Pueden pedir cualquier cosa en mi nombre, y yo la haré, para que el Hijo le dé gloria al Padre.
Juan 14:13 (NTV)