Una escena del cine difícil de olvidar es la de una película titulada “Alien”. En una de sus primeras versiones, el monstruo, al que se debe el nombre de la cinta, captura algunos seres humanos poniéndolos en su nido, una cloaca que parece llena de baba, agua y una sustancia viscosa verde. Lo impresionante es que a pesar de su cautiverio, todos están vivos pero no pueden reaccionar ni moverse. Suena aterrador, pero es lo más parecido a estar completamente equivocado y no darse cuenta; es igual a estar atrapado por los errores propios pero no aceptarlos. David le pedía a Dios que examinara su corazón porque ni él alcanzaba a conocerse a sí mismo. Que hoy seas capturado por el amor de Dios que transforma nuestro carácter.

Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón;
pruébame y conoce los pensamientos que me inquietan.
Salmos 139:23(NTV)