Algunos esclavos dormían en largos y oscuros túneles que se construían por debajo de las casas de los amos o también en los altillos donde el aire difícilmente podía entrar. No es posible imaginar la vida claustrofóbica que llevaban. Lo más parecido a esto es lo que se siente cuando somos esclavos de un pecado o vivimos la angustia que viene tras no poder pagar una deuda; sufrir el abandono; vivir una traición; escuchar las burlas de los amigos o simplemente fracasar, fracasar y fracasar.
Jesús taladra fuertemente ese túnel y abre una ventana; su luz te toca y el aire fresco te recuerda que en Él tienes libertad y por eso puedes sentarte a comer en su mesa, gozar de todos los rincones de su casa y entrar sin avisar en los espacios más íntimos de su reino. La esclavitud ha quedado atrás.
y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.
Juan 8:32.(NTV)