El hombre atacó a su hermano y lo mató. Sus manos manchadas con sangre ajena y en su mente la voz de Dios que le había hablado minutos antes: “si hicieras lo bueno, podrías andar con la frente en alto . Pero si haces lo malo, el pecado te acecha, como una fiera lista para atraparte”. Más rápido de lo que imaginó llegó de nuevo la voz, diciendo: ¿qué has hecho?, ahora serás un fugitivo errante.

Como quisiera gritarle: ¡Caín, pide perdón, arrepiéntete!, ¡recuerda lo que aprendiste desde niño, cuando te enseñaron el amor de Dios! Pero solo puedo imaginar qué hubiera pasado si se humilla. Tú eres el dueño de tu historia, tú puedes darle el mejor final.

Alégrense siempre en el Señor. Insisto: ¡Alégrense!
Filipenses 4:4 ( NVI )