Amo tener mi casa como una tacita de plata y el 40% de mi temperamento dice que soy melancólica lo que significa que en cuanto a labores de mi casa soy bastante perfeccionista. ¿Pero a qué hora pongo a funcionar ese 40% de perfeccionismo para que mi casa sea el palacio con el que sueño cada día con tantas cosas por hacer? Probablemente esa pregunta resuena en tu cabeza todos los días cuando te paras en frente del desorden del cuarto de tus hijos, en frente de la montaña de ropa para planchar o cuando abres la puerta de tu closet y te das cuenta que debes usar casco porque corres el riesgo de romper tu cabeza con algún objeto que caiga de allí.
Hace muchos años Dios tocó mi hombro y susurró a mi oído: ‘Mi apreciada Diana, estás preocupada y tan inquieta con todos los detalles. Hay una sola cosa por la que vale la pena preocuparse. Descúbrela, y nadie te la quitará’, Esta es desde luego una paráfrasis de Lucas 10:38-42. Desde ese día entendí que el secreto está en organizarse. Y, ¿cómo se hace? La respuesta es muy sencilla:


Planea. Haz un listado de todas las tareas que debes hacer en tu casa. Esto mismo puedes hacerlo en tu trabajo. Escríbelas en orden de importancia: separa lo urgente de lo importante,
Simplifica. Evalúa la manera más fácil de realizar cada tarea, no te compliques.
Ejecuta. Es la parte más difícil pero no imposible. No te afanes por realizar todo al mismo tiempo, empieza con las cosas pequeñas y continúa con lo más grande, esto no solo te animará a seguir sino que entenderás que eres capaz de ser una mujer sabia y diligente que edifica su casa.

